A medias de todo.

A medias de todo.

mayo 9, 2019 0 Por Daniel Romaguera
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Eran años de probar, años que casi todo valía e inventar soluciones para ver por dónde iba la evolución de la industria del automóvil.

Amphicar en plena faena.

 

Corrían los finales de los 50, y en Estados Unidos tenían el mismo miedo que todos, caer al agua y hundirse. Eso sí, había que entrar muy despacio para que el Amphicar no llegase a tocar el fondo marino. Pensaron en hacer un anfibio, así al mismo tiempo que llegas a la playa y vas cargado como un animal hasta la orilla, podías ahorrarte el alquiler de los patines acuáticos. Eso sí, siempre que no te llevases a los más madrugadores que ya disfrutaban del sol sobre la arena.

Todo una expectación ver las playas llenas de estos coches.

 

Tenías que tener valor y confiar en no hundirte con él, tanto que hubo 3.878 valientes que compraron un Amphicar 770. La gran mayoría de comercialización con Estados Unidos, solo 99 en Gran Bretaña, con el volante en la parte derecha como toca. El motor iba montado sobre la parte trasera del chasis, y el mismo eje trasero que hacía de tracción para la carretera, llevaba sujetas dos hélices para cuando estuviese en el agua. De esta forma la entrada y salida del agua era mejor con el empuje de las hélices. Sobre el mismo motor, otra palanca de cambio hacía las veces de secuencial para mover las hélices hacía delante o atrás. La caja de cambio principal montaba 4 velocidades para su desplazamiento por carretera, un quiero y no puedo, ya que sus prestaciones tanto sobre el asfalto o sobre el agua eran regulares con respecto a un automóvil o una embarcación de la época. Entre 1960 y 1965 se produjo el anfibio, diseñado en Alemania por Hans Trippel, quién convenció al Grupo Quandt para su comercialización. 

Parte trasera del Amphicar 770.

 

Su pequeño motor Triumph de cuatro cilindros  y 1.147 cc generaba 43 cv de potencia. Podía alcanzar una velocidad de 90 millas por hora, pero dada la altura del chasis para poder entrar  y salir del agua, era una velocidad excesiva para un coche con el centro de gravedad más alto y dónde no era habitual, centrándose todo en la parte trasera. Se redujo a 65 millas por hora, que no estaba mal ya que era un coche casi catalogado de paseo, sus frenos tampoco eran muy seguros por el hecho de tener que apretar muy fuerte el pedal para poder parar el vehículo. Sobre el agua la velocidad era de 10 millas por hora, lo que daba mejor estabilidad en el agua que en carretera. Había que pasar periódicamente unas revisiones para evaluar la oxidación por el contacto con el agua salada. Otra de las características del anfibio era que contaba con las luces de navegación obligatorias de la época, incluso la Guardia Costera obligó a colocar la bandera del país de donde era el anfibio.

Al ser considerado embarcación debía llevar la bandera del país.

 

Dejó de producirse en 1965, quedan algunos que sus actuales dueños han querido restaurar, pero su alto coste, rondaba los 3.400$ de la época, le jugaron una mala pasada. Muchos les gustaba ese cierto énfasis de poder meterse casi por donde querías, pero con ese dinero tenías la opción de un buen deportivo y por aquellos años el Ford Mustang era un icono.

 

@pelut66

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