Karting como vía de escape.

Karting como vía de escape.

abril 26, 2019 0 Por Daniel Romaguera
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Marco, pocas veces la  vida es fácil, de hecho cuesta todo mucho. Encontrar en el karting   la suficiente autoestima para encarar el día a día, el curva a curva. Una historia llena de retos que vamos a seguir de cerca.

 

El padre de Marco, David Arenas nos cuenta como ha sido la evolución de su hijo ligada al karting, una experiencia sufrida desde el punto de vista de los padres y que ha ayudado a Marco a mejorar su estado personal. 

 

 

Sus inicios.

Marco Arenas Sánchez, desde pequeño Marco ha obedecido al patrón de niño bueno, niño que no rompía nada, tranquilo, cariñoso y obediente. Criado dentro de una familia con dos hermanas, desde pequeño le costaba mostrarse y nunca se anteponía a nadie,  ni incluso dentro su propia familia. En el cole es apreciado por el profesorado y es un niño que prefiere pasar desapercibido con respecto a los compañeros.

 

En el aspecto deportivo, desde su infancia lleva practicando la natación y el karate principalmente, pero sin una gran motivación por ninguno de ellos.  Hasta hace bien poco, el karting levantó esa pasión interna, la falta de motivación y pasión por algo era una dinámica ya muy presente en él y había que cambiarla. Cuándo Marco cumplió siete años la psicopedagoga del cole nos pidió una tutoría para hablar de Marco debido a ciertas pautas junto al bajo rendimiento académico.  Las conductas como la falta de atención que siempre presentaba, sus constantes distracciones, realmente no conseguía centrarse, no acabar las tareas y como no,  la pérdida o el olvido de cosas. Después de explicarnos el estudio que habían realizado, el diagnostico resulto ser que Marco tenía un déficit de atención, comúnmente reconocido como TDAH.  Nos pidieron primero descartar que no se escondiera detrás de este problema algún tema físico y  tras los análisis, electros cerebrales, resonancias y TAC, que todos queremos olvidar, lo importante fue que no había nada de ésto detrás del problema.

 

En nuestra última sesión con la psicopedagoga tratamos de ver cuál debería ser su tratamiento y se habló sobre la posibilidad de un sistema de medicación diario, palabras como medicación y minusvalía salieron a relucir en esa reunión  y eso es lo que nos puso en alerta y comenzamos a buscar asesoramiento al respecto. Después de mirar todas las opciones y rechazar cualquier tipo de medicación, todo se circunscribía a la práctica de la concentración y la mecanización de ciertas pautas, empezamos a trabajar en ello, pero nos faltaba encontrar algo que pusiera en práctica todo lo que veníamos mejorando con el esfuerzo de todos por el bien de Marco.

Marco en un día de entreno.

 

El comienzo.

Marco tenía 8 años cuando en la época vacacional escolar de Navidad fuimos a pasar un día a Expojove, un evento que hacen en un recinto ferial en Valencia, donde se exponen distintos juegos y actividades para los niños. Una de las atracciones era un pequeño circuito ovalado con media docena de minikarts. Quiso montar y cuando fui a elegir un kart biplaza para niño y adulto, me dijo que quería montar él solo. Nunca había cogido un volante y tampoco se había separado tantos metros de la persona con quién estuviese. Se subió, condujo muy bien, queriendo vuelta a vuelta ir más rápido. Días después, en una comida familiar de Navidad comentamos la actividad y su tío Ramiro dijo: “ tenemos que probar subir a Marco a un kart de esos de alquiler a ver que pasa”.   Pasadas unas semanas, un domingo fuimos a Nabella, Karting del Saler en Valencia,  y Marco se subió en un kart. La verdad  que la habilidad y la destreza nunca habían sido grandes cualidades de Marco, pero como piloto, nos dejó sorprendidos.

 

Pasado un tiempo llegaron las comuniones, incluida la de Marco. Uno de sus regalos, fue su primer Kart, un PCR del 2004 con Iame Puma 85cc. Comenzamos a ir los domingos al karting de Manises y probar a rodar. Semana tras semana, íbamos mejorando los tiempos por vuelta. En un espacio muy corto de tiempo comenzamos a percibir cambios en Marco, la conducción deportiva estaba funcionando como terapia. No tenemos dudas, que su autoestima, sus capacidades y su persona están siendo muy bien moduladas por el hecho de practicar este deporte. Sobre todo por el hecho de competir constantemente contra él mismo y como no, de medirse con el resto. Algo que hasta el momento era su principal déficit personal y que nos llenaba de orgullo.

Entrenando duro en Nabella.

 

Cuando llevábamos unos domingos yendo a rodar a Manises, su destreza era notable y sus tiempos eran similares o incluso mejores que algún piloto que como nosotros que andaba con karts de 100 y 125 cc. Sus trazadas eran muy buenas, Marco controlaba la parte delantera y trasera meramente por instinto, éramos totalmente autodidactas y no teníamos ni idea de tracciones, agarre, virajes, reglajes ni nada de esto. Esa inexperiencia pronto nos pasó factura, cuando en una de las tandas Marco comenzó muy rápido nada más empezar, sin calentar gomas y no pudo acabar la vuelta al salirse y chocar con un muro. Rompió el eje trasero, a punto estuvo de volcar y hacerse daño.

 

Nos dimos prisa en arreglar el kart y que se pusiera a conducir lo antes posible, a los 15 días tenía el kart de nuevo listo y fuimos a rodar de nuevo.  Pero algo había cambiado ya, desapareció esa destreza, toda esa habilidad natural que se le veía, no permitía ningún tipo de deslizamientos del kart y a las salidas de las curvas ya no las estiraba hasta al máximo. Los tiempos también corroboraban estas sensaciones. Me veía incapaz de saber que hacer, pues el primer inexperto en este mundo era yo.

Más entrenamiento para volver a coger confianza.

 

Su coach.

Seguimos rodando, pero empezó  a ser incluso contraproducente. Casualidades de la vida, hicimos una comida familiar en un restaurante al lado del Karting del Saler, donde todo acabó en una carrera. Allí conocimos a uno de los mecánicos del Karting, aprovechamos y le comentamos el caso de Marco, dado que entendía de este mundo, buscaba entender porqué después de un accidente había dejado de ser rápido.  Así empezó nuestra relación con Juan y con nuestro verdadero primer circuito, Karting Nabella del Saler.

 

Sin ninguna contraprestación ostentosa a cambio, nos propusieron un plan de entrenamiento para Marco, que consistía principalmente en rodar todos los martes un par de horas. Juan debía estar encima de Marco corrigiendo todo lo que se tuviera que cambiar. Así nos pasamos todo un curso lectivo, que se dice pronto, daba igual el frio, el agua o el viento, se rodaron cientos de kilómetros en Nabella. La verdad que no sabíamos que iba a costar tanto esfuerzo, pero ese trabajo dio su fruto. Aunque a día de hoy, sabemos que Marco se sigue guardando algo, no obstante la lucha con el miedo de volver a tener un golpe fue superado.

 

Juan profesionalmente cambio de trabajo, pero a título personal siguió volcado con Marco y empezó a buscar nuevas cosas para seguir avanzando. Dispuso toda su experiencia, su tiempo, sus contactos, con todo el amor que Juan le procesa a este deporte y transmitiéndole a Marco todo para su perfeccionamiento. Con el tiempo nos hemos ido convirtiendo en un equipo donde la pasión de Juan por sacar lo mejor de Marco es el verdadero motor de todo. Pronto vendrían las primeras carreras y seguiremos contando su evolución tanto como persona y piloto. 

Acumulando kilómetros.

 

@pelut66

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