Luis Salom. Una sonrisa de verdad.

Luis Salom. Una sonrisa de verdad.

Desde niño, muy niño llevo enganchado a esto que se llama motociclismo. No sé a ciencia cierta que despertó en mi esa afición por las carreras, pero lo que si sé es que esa afición ha crecido en mí de tal forma que es parte de mi día a día. Es un estilo de vida por el cuál estoy feliz de que así sea.

No sé muy bien cómo empezar esto, me ha costado decidirme, y eso que llevo unas cuantas horas sobre un teclado, dejando mis impresiones y vivencias en la web que tengo con unos amigos dedicada al motor. Es difícil pensar en cómo pensar, ordenar y luego escribir lo que pasa por mi mente.

Hace ya unos años que pude elevar más aún esta afición al motociclismo. Tras ver muchas carreras desde la televisión y finalmente poder ir a los circuitos a disfrutar de ellas en directo, tuve la suerte de poder trabajar en ellos. Desempeñando el rol de comisario de pista he podido vivir momentos increíbles, siempre desde la grada los veía en la otra parte del muro de seguridad y pensaba en lo afortunados que eran esos chicos por estar ahí, en primera fila. En cuanto tuve ocasión de estar ahí lo hice, y es algo que ánimo a cualquier persona a poder hacer. Pese a estar más horas de las que parece en la televisión, pese a todo lo que te pueda suceder, estar ahí al cuidado de los pilotos es algo que ya necesito, necesito estar ahí para completar esa parte de mi vida que antes os contaba.

Una vez que te metes en esta mundo cada vez quieres más, y el conocer a comisarios de otros circuitos te anima mucho a ir viajando para estar en un Gran Premio fuera de casa. Vivo en pueblo cerca de Valencia, pero más cerca tengo el circuito de Cheste. Para mi ya era algo normal pasar por esta circuito, pero cuando se te abren las puertas de otros vas con mucha ilusión. Todo esto me llevo a Alcañiz, y después de varios veces yendo un día tuve mucha suerte. La suerte de haber conocido a Luis Salom.

Conseguí alojarme en el pueblo vecino de Alcañiz, Híjar, ya que el paddock de un Gran Premio de MotoGP inunda los hoteles y residencias de Alcañiz. Llegado al hostal fue entrar por la puerta maleta en mano y ver a mi izquierda a los pilotos de KTM jugando al billar. Sabía por los dueños del hostal que todos los años el equipo de Ajo KTM dormía ahí, pero entrar y ver a Luis Salom, Arthur Sissis y Zulfahmi Khairuddin fue una grata sorpresa. En la barra de bar estaba Joan Olive con su portátil, evidentemente les dejamos estar, no me gusta molestarles mucho si están a sus cosas. Pero ocurrió que acabaron la partida y pudimos hablar con los pilotos. A Salom pareció más importarle no jugar más y atendernos a nosotros. Así que pasamos un buen rato charlando de motos, de nuestra labor en los circuitos. Nos contaba su percepción de nosotros y qué hizo con nosotros. Nadie tenía prisa, ni él se fue, ni nosotros subimos las maletas.

Ahí en el hall del hostal pasamos un gran rato mientras seguía pasando el tiempo. Cuando se tuvo que marchar nos hicimos unas fotos con él, no sin antes de despedirse animarle y desearle que ese año fuese campeón de mundo de Moto3. Aquel acto de dejar lo que uno hace y pasar a hablar con unos desconocidos me pareció memorable, tan humano y humilde me pareció que no pude tenerle más respeto y admiración. Se la había ganado toda, y puedo decirlo con la boca bien grande, porque hay otros pilotos en el paddock que les pides una foto y obtienes un no por respuesta. Ese año no pudo conseguir lo que quería, una caída en la curva 5 de Cheste le privó de conseguir por lo que había peleado tanto. Más cuando desde la curva 3 donde yo me encontraba lo pude ver en el suelo. Debo ser neutral en un circuito y lo soy, pero reconozco que aquella tarde en ese hostal cambio mi visión de Luis. Me subo fatal que no lograse ganar, deseaba que fuese él antes que otros, pero el deporte este es así y hasta que la bandera a cuadros no baja todo es posible.

Después vino lo peor, aquella tarde de sábado en Montmeló fue horrible, una muerte de un piloto en un circuito no debería ocurrir nunca. A los circuitos vamos a disfrutar de ver las motos al límite. Fue un fin de semana muy triste, el escalofrío que pasó por mi cuerpo al enterarme llegó a ser doloroso. No paso en la curva donde yo estaba, gestionar una caída así no es del agrado de nadie y me consta que aquellos comisarios de la curva 12 lo pasaron muy mal. He de reconocer que alguna lágrima se me escapó. El domingo no había ganas de carreras, se corrió porque decían que es lo que Luis hubiese querido. Lo creo, por encima de todo ponía su corazón, toda su amabilidad y un carácter luchador del que todos hablaban en el paddock. Un paddock desierto ese día, recuerdo que nadie tenía ganas de nada, pero que hubo que sacar la fuerza necesaria para poder brindarle homenaje ese día de carreras, aquellas que él tanto amaba. Dentro de la fatalidad puedo decir que Luis Salom era un afortunado,por poder hacer lo que más le gustaba y contagiar a todos con su persona.

Siempre estará en mis recuerdos. Un piloto para mi leyenda.

@pelut66

Daniel Romaguera

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